Tanto Enero como Marzo son meses donde
nos brindamos buenos deseos. Nos decimos buenos augurios para lo que está por
venir.
Enero se enmarca con el comienzo de un nuevo
año, mediando las vacaciones para los más pequeños y con desafíos y propuestas
para los grandes. Marzo es el reencuentro
con la escuela. El momento donde los niños y jóvenes van a la escuela. Los
mayores descansan del descanso de los niños y las tardes y las mañanas vuelven
a un ritmo tranquilo, silencioso, de trabajo hogareño. Volviéndose a quebrar
con el regreso del “cole” y la leche y las novedades y los enojos, peleas y alegrías.
Son tiempos vividos con proyectos, con sonrisas infantiles y juveniles.
Pero también hay otros tiempos.
El tiempo de los grandes, de aquellos que vaya a saber porque motivo de la vida
hoy, si hoy, aquí y ahora, vuelven a la escuela. A comenzar lo que nunca
pudieron, como Estela. O a terminar lo que dejaron para más adelante como Juan.
Historias de vida y vida misma
que se juntan en el primer día de clases, en el salón, en el patio. Marzo, ese
mes tan hermoso y tan terrible. Mes de encuentros, reencuentros, desencuentros
y búsquedas.