Tanto Enero como Marzo son meses donde
nos brindamos buenos deseos. Nos decimos buenos augurios para lo que está por
venir.
Enero se enmarca con el comienzo de un nuevo
año, mediando las vacaciones para los más pequeños y con desafíos y propuestas
para los grandes. Marzo es el reencuentro
con la escuela. El momento donde los niños y jóvenes van a la escuela. Los
mayores descansan del descanso de los niños y las tardes y las mañanas vuelven
a un ritmo tranquilo, silencioso, de trabajo hogareño. Volviéndose a quebrar
con el regreso del “cole” y la leche y las novedades y los enojos, peleas y alegrías.
Son tiempos vividos con proyectos, con sonrisas infantiles y juveniles.
Pero también hay otros tiempos.
El tiempo de los grandes, de aquellos que vaya a saber porque motivo de la vida
hoy, si hoy, aquí y ahora, vuelven a la escuela. A comenzar lo que nunca
pudieron, como Estela. O a terminar lo que dejaron para más adelante como Juan.
Historias de vida y vida misma
que se juntan en el primer día de clases, en el salón, en el patio. Marzo, ese
mes tan hermoso y tan terrible. Mes de encuentros, reencuentros, desencuentros
y búsquedas.
Para Estela hoy es un día muy
especial. Decidió comenzar y terminar sus estudios secundarios. Que los chicos
ya están grandes, se pueden cuidar solos, que el horario de trabajo y tantas
otras cosas. Hoy sí. Hoy se juntan los miedos, la expectativa y la ansiedad.
Hoy se junta con Juan que alguna vez comenzó su secundaria, pero dejo. La
obligación de ayudar a la familia, el trabajo, las llegadas tardes a la escuela,
el cansancio y las faltas hasta quedar libre. Vaya frase esa “quedar libre de
la escuela”. ¿Cómo será entonces “quedar preso” de la escuela? ¿Por qué tener
miedo a quedar libre? ¿Por qué vivir con dolor y vergüenza el hecho de quedar
libre? Menudo trabajo tenemos, pelear por el significado de las palabras, por
el significado de los hechos.
Pero volviendo a la historia de
Estela y Juan como dos historias comunes donde muchos podemos vernos en algún
trayecto de las mismas. Historias que tienen como punto de encuentro “el valor
de la decisión”. Tanto Juan como Estela deciden, ya bien pasados sus 24 años,
estudiar, mientras forman una familia, mientras trabajan, mientras crían niños.
Muchos de esos niños y niñas recorren nuestro patio, nuestra galería, nuestras
aulas mientras sus padres estudian. No es fácil. Muchas veces se percibe la
incomodidad de la madre y de los compañeros pero el bálsamo de la solidaridad
va resolviendo el conflicto. Todos nos encontramos con nuestras historias y
vamos constituyendo una nueva historia donde es necesario que estemos todos y
todas.
He visto imágenes hermosas pero
tanto la entrada como la salida del colegio despiertan profunda admiración,
profundo sentimiento de belleza, profunda sensación de libertad. Esa misma
libertad que nos deja prisioneros de la escuela. Porque la otra, la que lo ha
dejado libre a Juan, expulsa, es la imagen más terrorífica que jamás haya
sentido. El paisaje de la exclusión. ¿Quién se ha arrogado semejante derecho?
Será tema de un profundo debate, solo si estamos todos y todas. Porque
pensándolo bien, quizás ese y no otro sea el motivo de la libertad que excluye.
Quiero decir, la libertad que excluye es la que nos impide construir historias
comunes, compartir las propias, acompañarnos en nuestros” vía crucis”,
compartir el peso de la cruz y celebrar el dulce encanto de la resurrección.
Como Estela y Juan.
No hay otra forma de entender la
vida si no es a partir de las historias y de los testimonios. Por eso el
encuentro. Por eso el reencuentro. Por eso la escuela abierta, de patios
abiertos, de aulas abiertas, de puertas abiertas, de comunidad abierta con
historias abiertas para que la libertad se construya y nos permita tomar
decisiones, como han hecho Estela y Juan. Que se han encontrado con Sergio, con
Agustín, con Leticia, con María, con Diego, con Naty y con muchos más y se van
a seguir encontrando porque tanto Enero como Marzo son meses de augurios,
proyectos y desafíos. Porque Marzo es tan hermoso pero tan tenebroso a la vez.
Solo encontrándonos podemos descubrir el significado “justo” de las palabras y
no por ser un significado exacto sino por el valor de justicia. Quedar fuera de
la escuela no es quedar libre es quedar excluido, es ser un expulsado. Quedar
libre de una escuela, en cambio, es haber construido capacidad de buscar y
pelear por el significado de las palabras y desde ese lugar tomar decisiones.
Como Estela y Juan que mandan a sus pequeños a la escuela, que cuando son las
17.30hs Estela corre en búsqueda de su hijo que sale del cole. Regresan juntos.
Ella mostrándome el guardapolvo de su hijo, lleno de tierra de recreo y el
sonriendo. Y Juan que le mostró a su niño el libro que tiene que leer para
“lengua”.
Estela y Juan con su decisión de
no permitir que la historia que ellos relatan sea contada como historia de sus
hijos, han quedado libres. Van a descubrir juntos y con sus hijos, como con los hijos de todos
nosotros el porqué de las historias, el porqué de los recuerdos, de las
anécdotas, de los relatos y sobre todo el valor de la MEMORIA.
Van a descubrir porque Marzo es
tan hermoso y tenebroso. Van a decidir. Y acá estaremos con una escuela de
puertas abiertas donde bendecir el encuentro.
Gustavo Seijo
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