lunes, 11 de mayo de 2015

Estela y Juan

Tanto Enero como Marzo son meses donde nos brindamos buenos deseos. Nos decimos buenos augurios para lo que está por venir.
 Enero se enmarca con el comienzo de un nuevo año, mediando las vacaciones para los más pequeños y con desafíos y propuestas para los  grandes. Marzo es el reencuentro con la escuela. El momento donde los niños y jóvenes van a la escuela. Los mayores descansan del descanso de los niños y las tardes y las mañanas vuelven a un ritmo tranquilo, silencioso, de trabajo hogareño. Volviéndose a quebrar con el regreso del “cole” y la leche y las novedades y los enojos, peleas y alegrías. Son tiempos vividos con proyectos, con sonrisas infantiles y juveniles.
Pero también hay otros tiempos. El tiempo de los grandes, de aquellos que vaya a saber porque motivo de la vida hoy, si hoy, aquí y ahora, vuelven a la escuela. A comenzar lo que nunca pudieron, como Estela. O a terminar lo que dejaron para más adelante como Juan.
Historias de vida y vida misma que se juntan en el primer día de clases, en el salón, en el patio. Marzo, ese mes tan hermoso y tan terrible. Mes de encuentros, reencuentros, desencuentros y búsquedas.

Para Estela hoy es un día muy especial. Decidió comenzar y terminar sus estudios secundarios. Que los chicos ya están grandes, se pueden cuidar solos, que el horario de trabajo y tantas otras cosas. Hoy sí. Hoy se juntan los miedos, la expectativa y la ansiedad. Hoy se junta con Juan que alguna vez comenzó su secundaria, pero dejo. La obligación de ayudar a la familia, el trabajo, las llegadas tardes a la escuela, el cansancio y las faltas hasta quedar libre. Vaya frase esa “quedar libre de la escuela”. ¿Cómo será entonces “quedar preso” de la escuela? ¿Por qué tener miedo a quedar libre? ¿Por qué vivir con dolor y vergüenza el hecho de quedar libre? Menudo trabajo tenemos, pelear por el significado de las palabras, por el significado de los hechos.
Pero volviendo a la historia de Estela y Juan como dos historias comunes donde muchos podemos vernos en algún trayecto de las mismas. Historias que tienen como punto de encuentro “el valor de la decisión”. Tanto Juan como Estela deciden, ya bien pasados sus 24 años, estudiar, mientras forman una familia, mientras trabajan, mientras crían niños. Muchos de esos niños y niñas recorren nuestro patio, nuestra galería, nuestras aulas mientras sus padres estudian. No es fácil. Muchas veces se percibe la incomodidad de la madre y de los compañeros pero el bálsamo de la solidaridad va resolviendo el conflicto. Todos nos encontramos con nuestras historias y vamos constituyendo una nueva historia donde es necesario que estemos todos y todas.
He visto imágenes hermosas pero tanto la entrada como la salida del colegio despiertan profunda admiración, profundo sentimiento de belleza, profunda sensación de libertad. Esa misma libertad que nos deja prisioneros de la escuela. Porque la otra, la que lo ha dejado libre a Juan, expulsa, es la imagen más terrorífica que jamás haya sentido. El paisaje de la exclusión. ¿Quién se ha arrogado semejante derecho? Será tema de un profundo debate, solo si estamos todos y todas. Porque pensándolo bien, quizás ese y no otro sea el motivo de la libertad que excluye. Quiero decir, la libertad que excluye es la que nos impide construir historias comunes, compartir las propias, acompañarnos en nuestros” vía crucis”, compartir el peso de la cruz y celebrar el dulce encanto de la resurrección. Como Estela y Juan.
No hay otra forma de entender la vida si no es a partir de las historias y de los testimonios. Por eso el encuentro. Por eso el reencuentro. Por eso la escuela abierta, de patios abiertos, de aulas abiertas, de puertas abiertas, de comunidad abierta con historias abiertas para que la libertad se construya y nos permita tomar decisiones, como han hecho Estela y Juan. Que se han encontrado con Sergio, con Agustín, con Leticia, con María, con Diego, con Naty y con muchos más y se van a seguir encontrando porque tanto Enero como Marzo son meses de augurios, proyectos y desafíos. Porque Marzo es tan hermoso pero tan tenebroso a la vez. Solo encontrándonos podemos descubrir el significado “justo” de las palabras y no por ser un significado exacto sino por el valor de justicia. Quedar fuera de la escuela no es quedar libre es quedar excluido, es ser un expulsado. Quedar libre de una escuela, en cambio, es haber construido capacidad de buscar y pelear por el significado de las palabras y desde ese lugar tomar decisiones. Como Estela y Juan que mandan a sus pequeños a la escuela, que cuando son las 17.30hs Estela corre en búsqueda de su hijo que sale del cole. Regresan juntos. Ella mostrándome el guardapolvo de su hijo, lleno de tierra de recreo y el sonriendo. Y Juan que le mostró a su niño el libro que tiene que leer para “lengua”.
Estela y Juan con su decisión de no permitir que la historia que ellos relatan sea contada como historia de sus hijos, han quedado libres. Van a descubrir juntos y con  sus hijos, como con los hijos de todos nosotros el porqué de las historias, el porqué de los recuerdos, de las anécdotas, de los relatos y sobre todo el valor de la MEMORIA.
Van a descubrir porque Marzo es tan hermoso y tenebroso. Van a decidir. Y acá estaremos con una escuela de puertas abiertas donde bendecir el encuentro.


Gustavo Seijo

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